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El Fogón del Platero, el éxito de las hermanas Cuenca

Hablar con Verónica Cuenca de su negocio, el Fogón del Platero, es escuchar ilusión, mucha ilusión, que es lo que sobre todo pusieron ella y su hermana, hace ya cuatro años, a la hora de levantar su negocio, una empresa ubicada en Ocaña y dedicada al reparto de menús a domicilio y al catering de pequeños eventos.

“Los comienzos no fueron fáciles, la gente empezó a conocernos por el boca a boca y al principio hasta que consigues clientes, fidelizas los que tienes y consolidas una buena reputación, pasas momentos duros”, explica Verónica Cuenca, quien matiza que “al principio había meses que apenas cobrábamos”.

Pero desde entonces hasta ahora han sido muchos los kilómetros recorridos y la comida repartida, sobre todo en hogares donde viven ancianos, y han llegado a un punto donde cuentan con una empresa consolidada que espera seguir creciendo, "no solo demandan nuestros servicios las personas mayores, sino también parejas jóvenes o solteros que quieren comer comida casera pero no tienen tiempo de cocinar debido a su trabajo”.

Los comienzos

Todo comenzó cuando Verónica Cuenca, con 27 años, se quedó en el paro tras años trabajando como administrativa, “fue una época de cambio y comencé a estudiar el Bachillerato de cocina y restauración; al poco de comenzar me salió un trabajo en el restaurante El Castillo de Aranjuez y allí aprendí mucho, de cocina, de organización de eventos, de servicio de mesas…

Trabajó y estudió durante dos años y cuando terminó comenzó a trabajar en la Residencia de Ancianos de Ocaña, “entonces vimos la idea mi hermana y yo y decidimos lanzarnos y emprender”. En primer lugar fueron a informarse al Ayuntamiento y contactaron así con la Asociación Comarcal Don Quijote, “gracias a ellos pudimos conocer y acceder a ayudas y subvenciones para comenzar nuestro negocio; les estamos muy agradecidos porque nos han prestado todo tipo de ayuda y asesoramiento”.

Cuando comenzaron, homologando como cocina industrial un local perteneciente a su padre, su primer cliente fue un señor de Ocaña que, cansado de comer en restaurantes y con poco tiempo para cocinar, decidió contar con ellas; después vino un matrimonio de ancianos en Yepes…, y así hasta ahora que servimos en Ocaña y alrededores.

Comida casera y variada

Diseñan un menú mensual que contiene primer plato, segundo plato, pan y postre, avalado por una nutricionista, que tiene un coste de 5 euros, “el menú está enfocado a las personas mayores, discapacitados, dependientes y particulares”, explica Verónica, que nos cuenta que tienen muy en cuenta los productos de temporada y, por supuesto, si los clientes tienen alguna patología, “en los menús incluimos los productos de temporada, además adaptamos los platos a los clientes que son hipertensos, diabéticos o que tienen sintrón; en general he de decir que a los mayores lo que más les gusta es la comida de cuchara y, por petición que nos han hecho ellos, los lunes ponemos siempre cocido, el resto de días la comida es variada, casera y nutritiva”.

Su día a día comienza por la mañana, con la elaboración de la comida; después se empaqueta y Verónica y su hermana hacen el reparto. Por las tardes Verónica hace la compra para el menú del día siguiente, “mi hermana se dedica más a la administración”.

“Me gusta mi trabajo y vivo feliz; antes apenas tenía tiempo de ver a mi hijo y ahora, con nuestro propio negocio, tengo tiempo para mí y además hago algo que me gusta, porque siempre he sido muy cocinillas y, desde luego, cuento con la ayuda no sólo de mi hermana, sino también de mi madre; tenemos para salir adelante cada mes y nuestro reto es llegar a los 60 clientes”.

Importante labor social

Pero El Fogón del Platero no sólo da comida a domicilio. Se puede decir que también hace una importante labor social. Las palabras de cariño de Verónica hacia “mis abuelitos” demuestran que su trabajo diario traspasa lo meramente profesional, “confían en nosotras y eso es muy importante y se agradece muchísimo”.

Esto supone también una tranquilidad para los hijos de los ancianos que viven solos, “hay hijos que viven fuera y para ellos es tranquilizador saber que todos los días vamos a sus casas y les vemos; es más, alguna vez, si notamos que los ancianos no están bien o percibimos algo extraño, llamamos a los hijos para comentárselo”.

Sin embargo, a veces han visto ciertas reticencias por parte de “las señoras de la casa”, comenta Verónica con una sonrisa. “En ocasiones son los hijos, que viven fuera, los que nos contratan para que llevemos la comida a sus padres, ya mayores, y cuando llegamos a las viviendas ha habido casos en los que las mujeres se han sentido invadidas, como si acaparáramos una labor que hasta el momento había sido suya. Es completamente normal y al principio todos tenemos que adaptarnos, pero afortunadamente nunca hemos tenido ningún problema y todos los que han comenzado de prueba al final se han quedado con nosotras”.

Seguir creciendo

Su reto es llegar a los 60 clientes, “no queremos grandes acontecimientos ni eventos, somos modestas y queremos seguir trabajando para la gente que lo necesita y que más gente confíe en nosotras”, explica Verónica, quien matiza que hacen el catering para pequeños eventos.
Esta confianza de “los abuelitos” en el Fogón del Platero, el hacer lo que más les gusta a las hermanas Cuenca, y esa cercanía hacia sus clientes han hecho de este negocio todo un éxito, “nos han llamado hasta de Málaga para repartir comida”, comenta divertida, “ofrecemos comida casera, de calidad y, sobre todo, mucha confianza, amabilidad y cercanía”.

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